domingo, 23 de octubre de 2016

No lo sé

Ya no sé a quién escribo,
quien es el dueño
de mis tristes versos
a horas tardías,
bajo una tenue uz
y bajo efectos,
de vicios,
mas insanos que sanos,
aunque a decir verdad
creo que nada más insano
que recordarte.
Me consumo,
como cualquier cigarillo
que se acumula en los pulmones.
Dame de nuevo tu ser,
para poder volver a sentirte.

Quisiera que nuestras
respiraciones aceleradas
al ritmo de besos de más
y querernos de menos
volvieran a formar,
la banda sonora de mis días.

Volver(te) a sentir,
piel con piel,
a pesar de odiarme,
por todas las cosas
que nos quedaron sin hacer.

Me queda mucho aún
por crecer en esto,
y alcanzar
a la poesía
que con solo una caricia
tu (me) hacías.

Me echas de más,
y me quieres de menos.
Demasiada desidia por tu parte.
Y yo, que muero
por volver a tocarte.

Me autodestruyo,
no sé a quién escribo
pero todo esto es tuyo
yo, que solo malvivo
y para olvidarnos, huyo.

Ven, olvídame.
Vete, bésame.
No busques entenderme,
busca la forma de quererme.



miércoles, 12 de octubre de 2016

A veces mejor nunca que tarde.

 A veces mejor nunca qué tarde 
 a veces mejor nunca qué tarde
 y a veces mejor nunca qué tarde.
 No importa cuántas veces me lo hubiera repetido 
 (que no fueron pocas las que lo hice)
 que tratándose de ti 
 y de tus ojos cuando se clavan en los míos,
 no hay forma de que sea tarde.
 Porque cuando se trata de ti,
 siempre hay tiempo
 y aunque yo siempre llego tarde,
 el tiempo hace de las suyas
 y siempre me espera 
 y siempre me esperas.

 Que por más que quiera olvidarte
 siempre vuelves a mí,
 en el momento más inesperado 
 y en el más esperado.

Me tienes anclada ti 
como un ancla
que no hay forma de retirar 
de lo más hondo del mar;
un mar que yo misma podría haber llenado 
con las lágrimas que un día te llore.

 Aquel tiempo ya se fue 
 y tú,
 tú aún no sé si te has ido 
 porque el tiempo siempre hace de las suyas
 y aprovecha cuando ando algo despistada
 para hacerme creer
 que a veces,
 es mejor tarde que nunca.